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Miedo

Todos tenemos miedo, y quien dice que no está mintiendo. Las cosas que verdaderamente nos importan nos hacen sentir pequeños y atemorizados en algún momento y eso, a mi parecer, es incluso bueno. El que nada teme, nada le importa.

Hay semanas complicadas, en las que parece que todo te sale mal, y cuando el barco empieza a tomar el rumbo correcto, cuando las aguas parecen calmadas, ese amigo incesante, el miedo, vuelve a llamar a tu puerta con una idea que, aunque algunos consideren ridícula, a ti no te deja dormir.

Cuestionar qué estoy haciendo mal o peor, qué no he hecho, es uno de mis puntos fuertes. Echas la vista atrás y piensas, “tal vez el problema soy yo”, y entonces te das cuenta que si fuera así tus miedos te van a ganar la batalla.

Un nudo en el estómago continuado, y el incesante pensamiento “igual no valgo tanto la pena, y eso al final va a pesar demasiado”. Las horas se convierten en días, todo pesa, todo angustia y es entonces cuándo te das cuenta que no estás dispuesto a perder lo tuyo, y mucho menos dejar que nada ni nadie acabe con aquello por lo que tanto has peleado.

¿Sabéis? el miedo no nos hace débiles, sino valientes. Nos ayuda a luchar, a continuar aunque duela, pues un león herido es el más peligroso.

La felicidad es una guerra de mil batallas en la que jamás hay que tirar la toalla. Rendirse no es un opción, y como en todo en la vida, si hay que ir a la guerra, se va. Tranquilos, nací con el casco y las botas puestas.

S.O.

Demasiado azúcar

El trece es un buen número, aun cayendo en martes. Hoy, martes 13 de febrero es el Día Mundial de la Radio, y como bien sabéis muchos de vosotros, la radio ha sido, es y será mi compañera eterna de viaje.

Entre programas deportivos, tertulias y servicios informativos crecí, pues cada mañana escuchaba a Gabilondo narrar cómo amanecía el día, y qué podíamos esperar de nuestros políticos o de una economía con déficit de atención y evolución lenta. Las noches eran distintas, el Larguero, su sintonía pegadiza y el resumen de la jornada, todo un lujo para mis pequeños oídos.

Pensaréis, ¿y a qué viene todo esto? Pues viene a que la echo de menos. La niña creció, se hizo periodista, y encontró en la radio su pequeño escondite, un lugar en el que ser feliz, aunque, desgraciadamente, no todos los cuentos terminan bien.

Hoy quiero hacer un pequeño homenaje a este medio tan especial, y girar la tortilla, el entrevistador entrevistado. Si de algo estoy orgullosa es de ser la “mamá” de un pequeño espacio de entrevistas que cada jueves acercaba a un personaje público a gente. Una charla informal, con café y “Con Dos de Azúcar”.

Fueron muchas las preguntas, las anécdotas y las conclusiones que saqué de esos pequeños ratos sentada con la persona no con el concejal o senador de turno, por ello, hoy responderé yo a alguna de esas preguntas que un día hice.

Vamos allá…

¿Cómo ves el panorama actual para los jóvenes? ¿crees que trabajar y estudiar es posible?

No solo lo creo, lo he hecho. Tenemos que conseguir que los niños crean en la cultura del esfuerzo, que se marquen objetivos y, sobretodo, sepan lo que cuesta la vida. Combiné trabajo con universidad y creo que tampoco ha sido un esfuerzo tan tremendo.

¿Por qué periodismo?

La verdad, creo que me escogió él a mí. La vocación periodística me viene de pequeña. A penas hablaba y ya decía que quería ser periodista de fuMbol, sí, sí con M, la t en el centro era algo muy complicado para un niña de pocos años.

Y si no te hubieras decantado por el periodismo, ¿qué habrías estudiado?

Esto es curioso, pues siempre me dicen que dentro de lo malo escogí bien, pues ahora soy pobre por vocación, pero si no sería pobre porque todo me daría pena, pues la segunda opción tras Periodismo era Trabajo Social.

¿Cómo es Soraya en los círculos más íntimos?

Soy una persona cercana. Me considero una chica transparente, que siempre va de cara y con una clara intención, hacer felices a aquellos que siempre están ahí para sujetarme cuando me caigo, que por otra parte, son muchas las veces que rozo el suelo.

Hablemos de referentes.

Hay varias personas a las que admiro. Mis padres, por su valentía, por su incesante intento por conseguir que la vida de sus hijas fuera mejor que la suya. Son todo trabajo, y eso es admirable. A mi hermana, por constante, por el esfuerzo que siempre ha mostrado para conseguir ser la mejor, y como no, a él, a mi chico por su arrojo, por su lucha por alcanzar su sueño, por que nunca se ha rendido.

¿Dónde te ves en 5 años?

Creo que antes lo tenía claro, ahora no lo sé. En mi inocencia fantasiosa de los 20 recién cumplidos, me veía locutando partidos, haciendo noticias y con una vida maravillosa. Ahora, con algo más de experiencia, y más de un revés, creo que no es dónde sino con quién, eso sí lo tengo claro, con los míos, lo demás, ya vendrá.

Estas eran algunas de las preguntas que yo un día les hice a los que con gusto aceptaron ser entrevistados, gente a la que estaré siempre agradecida.

Por hoy, creo que ya está bien. Hay demasiado azúcar en este café y, para colmo, se ha quedado frío.

S.O.

Orgullo

El esfuerzo y la constancia es por aquello que nos tendríamos que sentir orgullosos, pero hoy no voy a hablar de mí, pues todavía no he entrado en esa fase, el momento en el que todo cambia y sientes que has hecho algo digno de ser recordado, pero alguien que quiero muchísimo sí lo ha hecho, y a mí se me queda pequeño el cuerpo para tanto orgullo acumulado.

Os cuento un poco. Hay personas con las que tienes una conexión especial, por suerte, yo tengo bastantes en mi vida, y mi primo, es uno de ellas. Pues bien, el pasado sábado, por fin, la gente pudo escuchar que, no solo es un maravilloso periodista, sino que además, es una persona sensata, de ideas claras y, lo más importante, con cabeza y corazón a partes iguales. Con los micrófonos de Tiempo de Juego como medio, Paco González empezó a leer un artículo de opinión de matrícula. Era de verdad, de los que duelen, y eso no lo sabe hacer todo el mundo.

Nos pasamos la vida criticando la mala imagen que crean los equipos de fútbol dejando que sus gradas se llenen de “aficionados” violentos, pero no hacemos nada. El que calla otorga, pero tú no has estado dispuesto a agachar la cabeza.

Hoy, miro al cielo y sé que él, el abuelo, estaría más orgulloso que nadie, pues lo has conseguido. Eres un profesional excelente y una persona indescriptible, os parecéis tantísimo, tan cabales, tan valientes.

Los valientes son aquellos que dicen lo que piensan. Los valientes no se esconden, sienten vergüenza y lo dicen, sin tapujos, sin excusas. Un día me dijeron que el mundo estaba al alcance de aquellos valientes que están a la altura de merecerlo, pues tú te lo has ganado con creces. Enhorabuena, Sergio.

S.O.

En la cresta de la ola

¿Sabes esa sensación de poder volar sin alas? Eso es estar en la cresta de la ola pero, lamentablemente, sI te caes te ahoga, no hay chaleco salvavidas.

Hace a penas un año, yo estaba sobre esa ola. Con tan solo 20 años los medios de comunicación eran mi segunda casa. No había terminado todavía la carrera y ya tenía sobre mi espalda unas prácticas en televisión, una estancia larga en radio, y algún que otro artículo publicado, vamos un sueño para una chica de “pueblo” que siempre había deseado ser periodista.

Todo parecía estar bien, pero solo es eso, apariencia. Un día todo cambió, la decisión fue difícil, la ola rompió fuerte contra el espigón y nada se puedo hacer para salvaguardar esa sensación de libertad.

Un año, qué rápido ha pasado todo, y yo sigo aquí, con más pena que gloria, más esperanza que lógica. Veo a mis amigos, esos que escogieron carreras de modo racional y no emocional como yo, y los envidio, pues al levantarse cada mañana tienen un rumbo fijado, el trabajo, y yo, entre las paredes de mi pequeño estudio pienso, “¿y si todo esto es consecuencia mía? tal vez no valga para ello”.

El 22 de diciembre, muchos seguían atentos a las pantallas por si les tocaba el Gordo de Navidad, yo entraba en la página del Servef para renovar el paro pensando que, la mejor lotería no era un trabajo ilusionaste. No hubo suerte, en ninguna de las dos cosas.

Una vez escribí que había nacido para ser ola, fuerte, imprevisible, intensa, aunque nunca pensé que las olas al llegar a la orilla tan solo son un poco más de agua entre tanta sal. Es duro, la verdad, aunque la actitud derrotista nunca me ha acompañado, prefiero pensar que, tras esta calma tensa y fría, hay una tormenta, en mi caso imperfecta, que volverá a levantar esa ola, y entonces, no la dejaré escapar.

S.O.

Propósitos de año nuevo

El tiempo pasa tan rápido que sin darme cuenta el 2018 se me ha echado encima, y yo sin maquillar. Los días de 2017 creo que han sido demasiado cortos, pues 12 meses no han sido suficientes para lograr aquello que buscaba, aunque no mentiré, las cosas importantes sí han estado presentes.

Cada 31 de diciembre, nos comemos las uvas pensando “este va a ser mi año” y, tras esos 365 días de viaje, nos damos cuenta que atrás quedaron aquellas metas que pusimos y jamás cumplimos.

Hoy estreno propósitos, creo que nunca había hecho una lista, pues era realista, no iba a dedicar el esfuerzo suficiente para cumplirla, pero ahora, y como ya os adelanté hace unos meses, me encuentro en tiempo de descuento, a medio camino entre los veinte y los treinta, y esto ya es serio.

La lista no es demasiado extensa, y empieza con un “ver más a mi abuela”. Pensaréis “que chica más rara, pues que coja el coche y coma un día en su casa, como todo Dios”. Las cosas a veces no son tan sencillas, y esos 700km pesan demasiado.

Seguimos la lista con un “aportarles felicidad”. No quiero ser feliz sola, como dice la voz en off del anuncio de la lotería, “el mayor premio es compartirlo”. Mi felicidad es la de los míos, por eso, otro de los propósitos es regalar felicidad.

Este es un poco más complicado. Escribir el mejor discurso jamás oído, pues ella lo merece, y porque no, él también. Ser la hermana de la novia es toda una responsabilidad y, por una vez en la vida, quiero hacer algo que merezca la pena ser escuchado.

Comer, viajar y reírme con ellos, mis amigos, mis confidentes, mi familia. Los amigos son la familia que elegimos, que aceptamos y que queremos. Hermanos de distinta madre, compañeros de aventuras pero, sobretodo, el apoyo en los malos momentos.

Luego está él, mi parte, mi todo. Este sí va a ser su año, lo sé, y por eso al 2018 le pido estar a la altura. Trabajar juntos, luchar juntos y hacer que su sueño se cumpla, ese es mi objetivo, al fin de cuentas, somos uno.

Por último, algo que describo entre un propósito y un deseo feroz, volver al periodismo. Ser algo no significa sentir que lo eres y, ese fantasma me ha acompañado durante todo 2017. Volver, informar, debatir, contrastar… resurgir cual Ave Fenix, echar el vuelo, sentirme viva.

S.O.

La ilusión es lo último que se pierde

De repente ocurre, todo cambia y es que nunca has perdido la ilusión, por lo que ésta no te ha dejado de lado. No hay nada como ilusionarse, y por eso, yo me ilusiono con casi todo. Llamadme niña, pero prefiero ser así, buscar aquello que me hace feliz, ir al límite y disfrutar de esa maravillosa sensación, porque es verdad, la ilusión es lo último que se pierde, y solo si la dejas marchar.

Son días de muchos reencuentros, no seré yo quien os diga que me emocionan los anuncios de Navidad, no, no lloro con el anuncio del Almendro, lo siento, me parece frío y artificial, pero sí juego con las hojas, me pongo nerviosa, en plan bien, pensando en la cara de mi gente cuando abran ese regalo que compré pensando en ellos, hace más de dos semanas, hay que ser previsora. Nadie se puede quedar si su detalle especial, ese que le saca una sonrisa por la que merece la pena llorar.

Al hablar de Navidad todos decimos que es tiempo de compartir, y me pregunto ¿y por qué no hacerlo todo el año? Compartir abrazos, sonrisas, miradas cómplices que hablan por sí solas y dicen “te lo mereces, has trabajado muchísimo, y eso, es fruto de tu esfuerzo”.

La pasada semana, tuve esa sensación de la que os hablo. Un proyecto, mucho tiempo invertido y una inauguración de diez, me sacaron esa risa tonta. El resultado era fabuloso, y yo me alegraba tanto por ellos que me moría de ganas de contarles a todos que ellos, los que lo habían hecho posible, eran míos en cierta parte.

Luego está él, mi parte, mi todo. No se da cuenta, pero lo admiro y lo quiero a partes iguales. Echo la vista atrás, han pasado ya diez años, hemos avanzado juntos, nos hemos caído y sobretodo nos hemos ayudado a levantarnos. Retroalimentación, esa es la palabra. Él llena de ilusión, constantemente, mi vida con sus logros, con su actitud. ¿Y yo?, yo, bueno al menos lo intento, estoy a su lado para ser el lado fuerte de su lado izquierdo. Cosa de dos.

“Tú vas a ser la damita” eso bastó para que mi sonrisa no se apague. Nos hace tanta ilusión a todos, también a ellos, mis pilares, mis padres, que de tanto trabajar a veces se olvidan de soñar. Organizar lo más mínimo les da alas, y si ellos vuelan, lo demás no importa.

Sé un niño, busca aquello que te ilusione y hazlo tu escudo, tu base, tu vida, Recuerda, todos los días puedes cambiar el rumbo y levantarte con un “érase una vez un nuevo comienzo”.

La vida en sabores

Aquellos que me conocen saben que tengo pocos imprescindibles pero, el comer es uno de ellos. Nos pasamos los días contando calorías, yo la primera, sin recordar los sabores de nuestra vida, y en mi caso son muchos. Pensaréis, ¿esta solo se dedica a comer? Pues no, pero ojalá, dado que no recuerdo ni un solo momento malo alrededor de una mesa.

Con la llegada de la Navidad muchos se agobian al pensar los kilos que se van a echar encima y sienten angustia al recordar esas mesas repletas de comida, lo peor es que no gastan esa fantástica memoria para darse cuenta que entorno a esa fiesta de la gastronomía se encuentra gente a la que quieren mucho.

Y es que, aunque no nos demos cuenta, todos podemos hacer un pequeño recopilatorio de los saberes de nuestra vida. Cierro los ojos e inicio ese recorrido. Desde el inicio apunté maneras, nací pequeña pero con mucha hambre. Mi primer recuerdo, el pescado con un poco de aceite y limón, una bobada para muchos aunque para mí, un todo, pues quien lo pescaba era mi padre.

El viaje sigue, y si quieres puedes acompañarme. Las tardes de bizcocho de huevo con una tableta de chocolate para merendar. Mi abuela siempre pedía merengue, a mi hermana y a mí no nos gustaba, pero el bizcocho, eso era otra cosa.

El camino es largo, y los sabores muy variados. Naranja, limón, fruta de la pasión, zanahoria, todo eso lo mezclas junto a otras muchas frutas y el resultado, un zumo, el que todos los veranos tenía preparado mi abuela en Lasarte para que mis primos, mi 99% -así llamo yo a mi hermana- y yo comiéramos, sí, han leído bien, para comer, y nosotros encantados.

Pero para cosas simples y perfectas, la carne que preparaba mi abuelo con su enorme sonrisa. Carne, cebolla, aceite, vinagre y aceitunas negras, una receta simple que nadie puede igualar, nunca ha vuelto a ser lo mismo. Cuando lo intentamos, y parece que nos sale similar, esa sonrisa vuelve. Lo dicho, perfecta.

El verano da para mucho. Levantarte temprano, ponerte el bañador y salir corriendo mientras tu tía prepara los sandwich del almuerzo. Arena, mar, baños interminables, y como resultado, un hambre terrible y un bocadillo que estaba más bueno que nunca.

Cuando hablamos de distancia las cosas incluso se magnifican. El arroz meloso de mi madre, ese que olía a mar, a gamba roja, a cariño, desde que me bajaba de coche tras llegar de Madrid. Ella sabía que estaría deseando comer algo muy suyo, no hacía falta pedirlo, y ese sabor, el del primero tras un tiempo fuera de casa, no se me olvida.

Las primeras palomitas con él en el cine, fíjate, hace casi 10 años y nunca han vuelto a estar tan buenas. Cacahuetes, aceitunas y unas cervezas junto a ellos, mis amigos. Rosquillas con naranja, queso de Idiazabal, todos tienen un hueco.

Los años pasan, y seguiré poniendo sabor a la vida, pues insisto, un buen recuerdo puede llevar sal y pimienta

S.O.