símbolos y banderas

Símbolos

Nos gusta etiquetar las cosas, y en ese afán hemos llegado a etiquetar a las personas. El qué somos es más fuerte que el conjunto. Un error camuflado bajo banderas. Una falsa sensación de patriotismo arropada por la tela de nuestros colores constituyentes.

Mi bandera, tu bandera, nuestra bandera. Teñimos el agua de las fuentes, desobedecemos las leyes, izamos la nuestra, quemamos la suya. No podemos ser uno, pues el simbolismo es más fuerte que nuestras ganas de socialización. Si no eres como yo, no eres de los míos. Desgarrador.

Nos deshumanizamos a una velocidad increíble. Nos da igual el dolor que causamos si está justificado por nuestras ideas, unas ideas a las que les hemos añadido color. Rojo, amarillo, azul, blanco, da igual, hemos hecho de un símbolo de unión una herramienta de lucha.

¿Sabéis?, yo sí estoy orgullosa de mis banderas, y digo mis porque no tengo una, tengo muchas. Todas ellas me dan fuerza en los malos momentos, todas representan a partes importantes de mi vida. La Ikurriña, la Senyera, la Rojigualda, la Tricolor, todas y cada una de ellas suman.

Valencia, mi hogar, mi tierra, donde he crecido, he caído y me he vuelto a levantar. Capital de la resistencia Republicana. Donosti, mi segunda casa, mi abuela, el peine del viente, y allí, donde las olas le cantan al mar, él, uno de los hombres de mi vida, mi abuelo. España, mi base, un lugar maravilloso en el que ser feliz.

Un cruce de caminos el mío, ¿verdad? Tendré que aprender punto de cruz para poder unirlas todas. Hacer de sus colores mi propio símbolo, pues no estoy dispuesta a renunciar a ninguna. Y sí, con esto reivindico mi derecho a no tener que decidir. Soy y seré todo lo que quiera, pues el amor no tiene representación física alguna.

Os voy a hablar de mi bandera. Mi bandera está formada por las mañanas bajo el edredón junto a él o las mil horas de confidencias con mi hermana, un vino y unas aceitunas que te alegran un mal día. Ver a mis padres felices, que la sonrisa de mi abuela no se apague nunca. Un abrazo de mis tías después de casi un año sin vernos, una tarde con mis primos. El lugar me da igual. En el norte o en el sur, con Senyera o Ikurriña me siento en casa.

Estoy segura que muchos pensarán que no entiendo nada, que me salté las clases de historia, que mis bases políticas son malas, y a mí, me da lo mismo. La historia la hemos escrito juntos, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Mi historia me gusta, me siento orgullosa de ella, y mucho más importante, de todos los que forman parte de ella, con sus diferencias, con sus ideales. Todos ellos son mi bandera, y no hay más.

S.O.

1 comentario en “Símbolos”

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